El único momento en el que NO deberías tomar una decisión

Escucha esto con atención, porque te puede ahorrar muchos errores.

Hay un solo momento en la vida en el que no deberías decidir nada.

Ni actuar.

Ni responder.

Ni tomar acción.

Ese momento es cuando tus emociones están desbordadas.

Cuando no estás en tu centro, lo peor que puedes hacer es decidir algo importante.

Y ojo, no estoy hablando de cosas pequeñas.

No es lo mismo golpearte el dedo chico del pie que vivir una traición.

No es lo mismo llegar tarde que estar a punto de perder el trabajo.

No es lo mismo una molestia pasajera que una discusión fuerte con tu pareja, tu familia o alguien que te importa.

Las emociones profundas son abrumadoras.

Te sacan del eje.

Te ciegan.

Y desde ahí, cualquier decisión que tomes tiene altas probabilidades de salir mal.

Siempre.

En esos momentos, la mejor decisión es no hacer nada.

Esperar.

Callar.

Respirar.

Buscar el centro.

Es difícil. De hecho, es una de las cosas más difíciles que existen.

Porque cuando la emoción pega fuerte, el cuerpo quiere reaccionar ya.

Defenderse. Atacar. Escapar.

Pero ahí está la trampa.

Como dijo Miguel de Cervantes:

“El tiempo da dulces salidas a amargas dificultades.”

Confía en el tiempo.

Especialmente cuando las cosas no salieron como querías.

No tomes decisiones desde el miedo.

Primero vuelve a ti.

Busca tu centro.

Y después decide.

Las decisiones tomadas desde la emoción casi siempre terminan en arrepentimiento.

Las decisiones tomadas desde la calma, no.

En mi formación te enseño justamente eso:

cómo volver al centro cuando todo se mueve.

Son pasos simples, respiraciones, herramientas prácticas que te quedan para toda la vida.

Hoy quizás no lo valores del todo.

Pero el día que estés en medio de una tormenta emocional y logres controlarte…

ese día lo vas a agradecer.

Te vas a sentir orgulloso de ti.

Y con razón.

Te me cuidas.