Lo que descubrí cuando dejé de ser un niño

Escucha.

Este mail no es apto si eres sensible.

Ser sensible y ser exitoso son casi siempre opuestos.

Cuando entré a la Escuela Matriz con régimen militar tenía 17 años.

Un niño pero con pelos.

Apenas había perdido mi virginidad un año antes.

Todavía creía que con ser buena persona me iba a ir bien en la vida.

¿Y qué me encontré?

Un muro de frente.

Lo primero que nos dijeron:

“Olvídense de volver a sus casas. Al entrar aquí decidieron no volver nunca más”.

Mi casita cómoda…

mi cama…

mis juguetes…

olvídate.

Los primeros meses sufrí como condenado.

Como un niño recién sacado del vientre de su madre.

Todo era incómodo.

Deseaba volver atrás.

Pero con los meses me endurecí.

Las cosas cotidianas se me hicieron fáciles.

Y de a poco dejé de ser niño.

Hoy busco lo más difícil.

Lo más putamente difícil.

Y me encanta.

Porque sé que la mayoría se rendiría en las situaciones que yo he vivido.

Y ese contraste me da placer.

Más éxito, más dinero, más confianza.

Y sí, más felicidad para mí y los míos.

El mundo está lleno de gente débil, de colectivos imbéciles y de hombres femeninos.

Lo que hace falta son personas con coraje.

Mujeres y hombres.

Eso es lo que construye de verdad.

Si quieres aprender una habilidad que requiere huevos:

[AQUÍ]

PD: El domingo sube a 200 dólares.