La velocidad importa más que tu talento

Esto incomoda a mucha gente.

Sobre todo a los perfeccionistas.

Y más aún a los que usan “calidad” como excusa para no moverse.

Hace poco hablé con un mentor que creó una comunidad de miles de personas que pagan 47 euros mensuales.

Ingreso recurrente.

Mes a mes.

Sin drama.

La gente lo ve como un genio.

Y él se cagaba de la risa mientras me contaba la verdad.

Me dijo algo así:

“Todo el mundo cree que soy brillante.

La verdad es que me equivoqué más rápido que el resto.

Probé mil plataformas.

La web fallaba.

El contenido era mediocre.

El sistema se rompía.

Pero yo seguía. Rápido. Rápido. Rápido.”

Y remató con una frase gloriosa:

“Cuando eres rápido, la gente cree que hasta los peos que te tiras son genialidades.”

Brutal.

Y cierto.

La vida no premia al más técnico.

Ni al más inteligente.

Ni al más preparado.

Premia al que actúa primero, se equivoca rápido y corrige rápido.

Da lo mismo tu nivel de conciencia, tu teoría, tu enfoque perfecto.

Igual te vas a equivocar.

Entonces la pregunta real es:

¿te vas a equivocar lento… o rápido?

Porque el que va lento sufre dos veces:

una por no avanzar

y otra por ver a otros avanzar con menos talento.

Y acá viene lo más importante:

Para ser rápido tienes que matar tu ego.

El ego quiere verse bien.

Quiere aprobación.

Quiere hacerlo “perfecto”.

La autoestima real es lo contrario:

no te importa quedar mal al inicio

porque sabes que estás construyendo algo más grande.

La gente verdaderamente segura

no se obsesiona con el resultado inicial.

Se obsesiona con el proceso y la velocidad de aprendizaje.

Si quieres entrenar esa mentalidad,

aprender a moverte rápido,

a decidir sin parálisis

y a mejorar en el camino,

puedes empezar aquí:

Te me cuidas.