Lo que más temes es lo que le da sentido a tu vida.

Esta es una reflexión muy poderosa.

Tan poderosa que puede cambiar tu perspectiva para siempre.

Y sí… incluso hacer tu vida muchísimo mejor.

Era el verano del 2015.
Fui a la playa con mis amigos del colegio, todos borrachos, creyéndonos inmortales.

Nos quedamos en una cabaña cerca del mar.
Lo pasamos genial: alcohol, risas, y piedras lanzadas al mar nocturno.

Yo me sentía el rey del mundo: tenía amigos, juventud, fiesta… y toda la vida por delante.

Una tarde, paseando por la orilla, inventamos un juego estúpido:
quién lanzaba sus chanclas más lejos al mar
y quién se atrevía a meterse más adentro para recuperarlas cuando la marea las devolviera.

Jugamos horas.
Hasta que mi instinto competitivo me dominó.
Decidí que iba a ganar, costara lo que costara.

Me metí lo más profundo que pude, corrí a buscar mi chancla…
la levanté triunfante, miré a mis amigos con cara de ganador…

y justo en ese instante, una ola gigante me arrastró.

Al principio me dio risa.
“Una ola no me va a tumbar a mí”, pensé.

Pero llegó otra.
Y otra.
Y otra.

Y la risa se transformó en desesperación.
Los brazos me pesaban, el aire me faltaba, y el chico invencible de 16 años estaba a punto de ahogarse.

En ese momento, entendí que podría ser mi último.
Alcancé a mirar a mis amigos, como despidiéndome con la mirada.

Y uno de ellos, arriesgando su vida, se lanzó a rescatarme.

Nunca más jugué en el mar.
Y desde ese día aprendí una lección que jamás olvidé:

La vida es preciosa y única porque somos mortales.
Lo que hace valioso cada instante es que un día se acaba.
Y por eso, cada segundo debe acercarte a lo que más amas y a lo que más te apasiona.

Entonces…
La pregunta no es si lo harás.
La pregunta es:

¿Dónde vas a empezar?

PD: Subió de precio ayer y es probable que lo siga haciendo.

T cuidas