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Siempre compro las mismas zapatillas (aunque sean una mierda)
Te voy a contar algo absurdo, pero muy real.
Siempre me compro las mismas zapatillas Adidas.
Las mismas.
Modelo parecido, color parecido, todo parecido.
Y ojo…
A veces duran un mes.
Se rompen rápido.
La calidad es discutible.
Objetivamente, podrían ser una mierda.
¿Y sabes qué hago al mes siguiente?
Voy y me compro las mismas otra vez.
No porque sean las mejores del mundo.
Sino por una razón mucho más simple y humana:
Mi cerebro compra lo que conoce.
No compra lo mejor.
Compra lo familiar.
Compra lo que ya está dentro de su zona de confort mental.
Y esto no pasa solo conmigo.
Nos pasa a todos.
Así funciona el cerebro humano.
Por eso la gente vuelve al mismo restaurante.
Al mismo banco.
Al mismo proveedor.
Al mismo creador de contenido.
Al mismo “tipo de zapatilla”, aunque sepa que no es perfecta.
En los negocios y en las marcas pasa exactamente lo mismo.
La gente no elige lo objetivamente mejor.
Elige lo que le resulta subjetivamente seguro.
Lo conocido se siente confiable.
Lo repetido se siente correcto.
Lo familiar se siente menos riesgoso.
Por eso, más importante que ser “el mejor”
es ser el que está en la cabeza de la gente.
Que te conozcan.
Que te vean.
Que te asocien.
Que les resultes cómodo.
La calidad importa, claro que importa.
Pero si nadie te conoce, da igual cuán bueno seas.
Primero entras en la mente.
Después mejoras la percepción.
Así se construye una marca que vende.
Y si quieres aprender a hacer que tu marca sea subjetivamente buena para los demás —aunque no seas perfecto—
eso es exactamente lo que enseño en mi formación de marca personal.
Te me cuidas.