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- Voy a decir algo incómodo sobre la calidad (y casi nadie lo entiende)
Voy a decir algo incómodo sobre la calidad (y casi nadie lo entiende)
Voy a decir algo que a mucha gente del desarrollo personal no le gusta escuchar.
Y no, no va en contra del discurso…
va después del discurso.
Porque decir “hazlo imperfecto” está bien.
Decir “no seas perfeccionista” también está bien.
Pero hay una segunda parte que casi nadie dice.
Nada de lo que hagas puede ser de mala calidad.
No necesitas perfección.
Pero sí necesitas excelencia relativa.
Es decir:
hacer lo mejor posible con lo que tienes hoy.
No es la ley del mínimo esfuerzo.
Es la ley del máximo esfuerzo posible en tu contexto actual.
Hacer lo mejor que puedas con los recursos que tienes.
Con el tiempo que tienes.
Con el nivel que tienes.
Lo que no se vale es hacer lo peor “porque total estoy empezando”.
Eso no es humildad.
Eso es negligencia.
Y aquí viene la parte que a muchos les duele:
Si produces constantemente cosas mediocres,
no estás “en proceso”.
Estás destruyendo tu reputación.
Y la reputación importa.
Mucho más de lo que te gustaría admitir.
Importa lo que la gente piensa de tu trabajo.
Importa cómo entregas.
Importa si cumples.
Importa si eres serio.
Importa si tu estándar es alto.
Porque cuando entras a círculos donde hay gente que paga bien,
que valora el profesionalismo,
que cuida su nombre…
si detectan baja calidad, sales disparado.
Y no vuelves.
El crecimiento real no es hacer cualquier cosa.
Es subir el estándar mientras avanzas.
Eso requiere mentalidad.
Criterio.
Responsabilidad personal.
Y eso no se improvisa.
Es exactamente la mentalidad que trabajo en mi formación de desarrollo personal:
cómo exigir más de ti sin paralizarte,
cómo subir la calidad sin caer en el perfeccionismo,
y cómo construir una reputación sólida a largo plazo.
Te me cuidas.